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Carnaval de Villar del Arzobispo

Es uno de los carnavales más arraigados de la geografía valenciana. La vela de la morca precederá a la salida de las botargas, el concurso de murgas, el multitudinario desfile del carnaval, la quema del chinchoso y, por último, el entierro de la morca….

Este año 2018 el Carnaval de Villar del Arzobispo se celebra del jueves 8 al domingo 11 de febrero. Pueder encontrar la programación aquí.

En Villar del Arzobispo a las morcillas se las llama morcas. Son uno de los elementos más tradicionales de su gastronomía, un símbolo, y en el Carnaval se les rinde homenaje como elemento central de una fiesta prohibida en tiempos del franquismo que resurgió a partir de 1981 por iniciativa de los vecinos. Progresivamente, el carnaval ha crecido, ha integrado a las mujeres, y se calcula que la fiesta de la pequeña localidad de Los Serranos llegó a congregar hasta 25.000 personas a finales de los ochenta, entre 10.000 y 15.000 en la actualidad, lo que supone multiplicar por cuatro su población de 3.500 habitantes.

Es la gente de Villar la que, con el paso de los años, ha hecho crecer este carnaval que, presumen, está a la altura de los más populares de la Comunidad Valenciana. De un simple desfile, los actos se han ampliado hasta los tres días y tres noches de fiesta en los que las calles de la localidad se llenan de disfraces, hogueras y música, mucha música.

Todo empieza el jueves por la noche, con el velatorio de la morca, una morcilla gigante de cartón y madera que se encargan de construir los miembros de la comisión de fiestas.

El velatorio se produce en el local de la comisión, mientras en la calle se celebra una verbena en la que se reparten congretes, un dulce tradicional, y cazalla, para templar el cuerpo. No hay que olvidar que Villar del Arzobispo se encuentra a 520 metros de altura respecto al nivel del mar, y el frío de febrero aprieta.

El viernes por la tarde será el turno del desfile de botargas, unos atuendos que se utilizaban antiguamente para disfrazarse hechos a base de materiales caseros, como sábanas, mantas, cestas de vendimiar y almohadas, y que sirven para ocultar la identidad de los que celebran el carnaval. Las botargas recorren las calles acompañadas de charangas y grupos de música callejera, y tratan de obligar a quienes miran desde las aceras a unirse a la fiesta. Según cuenta la tradición oral, las botargas se acercaban a quienes querían importunar con el grito gutural de “¡gurugurugurugu que no me conoces!”, e incluso enseñaban sus partes íntimas a los vecinos que se resistían al grito repetitivo de “¡vendemos puerquicos!”.

Existía otro personaje, el ‘Tío de la huigica’, que llevaba una caña con un higo seco atado a un extremo, y que invitaba a los más pequeños a comérselo. Cuando lo intentaban, les atizaba con la caña. En 1996 murió Miguel Antón Molina, quien encarnó tradicionalmente a este personaje, cuya presencia desde entonces ha sido intermitente, y que se ha recuperado en los últimos años.

El viernes se cierra con un concurso de murgas, un espectáculo inspirado por los carnavales de Cádiz y que, a través de canciones, narran con ironía y sorna de lo sucedido en el pueblo, en el país y en el mundo. Durante algunos años se celebró un certamen infantil de murgas, pero se ha perdido. Los componentes de las murgas hacen llegar las letras a los vecinos semanas antes para que puedan acompañarles en las interpretaciones.

 

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Observaciones: Fuente: nonada.es



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