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Por qué deberíamos dejar de hacer dieta en vacaciones

Se trata de desconectar y descansar, no de contar calorías. Además, el aumento de peso no siempre corresponde a los excesos alimenticios sino a otro tipo de factores.

Los días de descanso también son para la dieta, un poco de desequilibrio alimentario no está mal. Dos semanas, tres a lo sumo para los más afortunados, de mayor libertad dietética no deberían constituir ningún problema, ya que cuando volvamos a la rutina y al trabajo, retomaremos de nuevo nuestros hábitos de siempre.

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Si hay que saltarse la dieta, mejor en verano que en invierno, porque el calor propicia que nos apetezcan cosas más sanas y ligeras y porque, incluso aquellas personas sedentarias que no hacen ejercicio, tienen más actividad física durante las vacaciones, al Viajar, al nadar en el mar o dar paseos.

En ocasiones el aumento de peso no se corresponde con el hecho de haber incrementado nuestra grasa corporal. Si nos notamos con más volumen o que nos cuesta abrochar los pantalones, puede deberse a que estamos reteniendo líquidos. Es normal que en verano pueda haber una mayor retención de líquido. A algunas personas se les hincha también el abdomen en época de vacaciones, pero eso es debido a los gases. Salimos de la alimentación habitual y tomamos cosas excesivamente saladas o cocinadas de manera poco saludable, y esto afecta al proceso de digestión.

La comida no es el único factor. Hay muchas personas que se reconcilian un poco con el ejercicio en verano y se atreven a nadar, andar en bicicleta, montar en una piragua y utilizar sus piernas para algo más que para pisar el acelerador de su coche; los asiduos al gimnasio pueden echar de menos sus sesiones de fitness y encontrarse algo más flojos, e incluso ganar algo de peso, pero es algo y pasajero y en dos o tres semanas de vuelta a la rutina recuperarán su estado habitual.

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Otro de los motivos por los que se puede subir de peso durante las vacaciones lo constituyen las falsas creencias sobre las verdaderas calorias de los alimentos. Empezando por las ensaladas, en principio muy sanas y ligeras, aunque todo depende de los ingredientes que lleven, si las preparamos siempre con aceitunas, aguacate y maíz, entonces empiezan a tener más calorías y sin contar con la cantidad de aceite con la que se aliñen.

Los helados son también bombas de relojería disfrazadas, y es curioso como la mayor parte de la gente juraría que son más ligeros que un trozo de tarta pero engordan lo mismo, lo que ocurre es que tienen menos capacidad de saciarte, por lo que se toman en mayor cantidad. También son un problema porque tienen 10 gramos de azúcar por cada 100 mililitros y carecen de valor nutritivo.

En cuanto a los zumos de frutas naturales que preparamos en casa, siempre es mejor decantarse por la fruta, ya que lo que dejamos en la licuadora, la pulpa, es donde se encuentra la fibra, y la mayor parte de las vitaminas, minerales y antioxidantes se estropean durante el licuado.

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