¿Qué les compramos a nuestros hijos para leer?

¿Qué les compramos a nuestros hijos para leer?

¿Qué les compramos a nuestros hijos para leer?

¿Qué les compramos a nuestros hijos para leer?

«Los niños se hacen lectores en el regazo de sus padres» («Children are made readers on the laps of their parents.» — Emilie Buchwald). Esta cita tan cierta con la que me topé no hace mucho y el hecho de haber participado como autora en la Feria del Libro de Valencia, me han creado la necesidad de escribir sobre un asunto que me preocupa desde hace ya bastante tiempo: ¿Qué les compramos a nuestros hijos para leer?

Hay mucha gente que piensa que hay que leer sea como sea, que no importa lo que se lea mientras se lea. Pues bien, personalmente, no puedo estar más en desacuerdo con esta opinión, ya que hay lecturas que son perjudiciales, en su contenido y/o en su forma, especialmente si sus lectores son niños o jóvenes, en general más frágiles e influenciables.

¿Cualquier libro es bueno?

No todo vale. No se trata de leer cualquier cosa porque leer es importante, sino de leer libros que estén bien escritos y que nos aporten algo más que el mero entretenimiento que suele acompañar a toda lectura de ficción. Es decir, algo que, además de que nos guste, nos curta o nos enseñe o nos enriquezca y algo que, de alguna manera, nos mejore como seres humanos. Y esto solo nos lo puede dar una buena lectura o, mejor dicho, la literatura.

Porque la literatura infantil también existe y no es un dominio exclusivo del mundo adulto, ni muchísimo menos. Hay tantas historias increíbles dirigidas a los más pequeños… Historias divertidas o ingeniosas o emotivas o inteligentes, o todas estas cosas a la vez. Para encontrarlas solo hay que tomarse el tiempo de buscarlas.

Desde cuándo leerles

Es por todo esto que me dirijo directamente a los padres y a las madres que son los que pueden y deben explorar ese camino con y para sus hijos. Leámosles desde que están en el vientre de sus madres. Pasar tiempo de calidad con ellos también es dedicarles parte de ese tiempo a leerles de manera regular. Cada día les podemos leer historias preciosas que hayamos seleccionado previamente con mucho cuidado para pasar un rato mágico, sin prisas, sin agobios, con cariño, con complicidad. Y, a ser posible, bien juntitos. Sin excepciones.

Ya sé que no todos los papás y las mamás disponen de mucho tiempo libre para dedicarlo a pasearse por librerías o bibliotecas y ojear y hojear cuentos con el único objetivo de descubrir aquellos que más nos gustan para nuestros hijos. Y estoy convencida de que si le damos a esto la importancia que tiene, todos podemos dedicar un rato al mes a perdernos en nuestra librería preferida o en la biblioteca que tengamos cerca de casa para conseguir esas joyitas que van a hacer las delicias de nuestros peques.

La magia de la lectura

Porque en esta sociedad en la que vivimos todo va tan rápido que los más pequeños están o corren el riesgo de estar hipnotizados y, en ocasiones, idiotizados por los medios de comunicación y las nuevas tecnologías. Por eso es nuestro deber como padres, y debería ser también nuestro “querer”, el intentar inculcarles algo de magia y de cultura en sus vidas.

No es falta de libertad y exceso de autoridad decidir por nuestros hijos a edades tan tempranas, en general, y en particular es algo necesario el decidir también qué les compramos a nuestros hijos para leer. Y es aquí donde muchos estamos fallando. Es obvio que si los papás y las mamás nos llevamos a los niños de 3, 4 ó 5 años a comprar libros con nosotros, estos van a ir directamente (mis hijos los primeros) a coger el libro de Peppa Pig, Dora, La patrulla canina, Cars (y así hasta el infinito). Estos libros sacados de series carecen de calidad literaria. Si ya están rodeados de estos personajes en su día a día, ¿por qué vamos a comprarles, además, estos cuentos de aporte tan pobre? Es incomprensible y aun así, lo hacemos; creedme, he pasado tres días en un par de puestos de la Feria del Libro y lo he visto con mis propios ojos.

Conclusión para que nuestros hijos lean

Dejemos pues de quejarnos de que nuestros hijos no leen, no sienten interés por la lectura o incluso no entienden lo que leen. Si esto es así, es enteramente responsabilidad nuestra. En nuestras manos está el que descubran la magia de las palabras, la belleza de las ilustraciones, el placer de la literatura. Y no nos quepa duda de que si lo hacemos bien, el día de mañana sabrán leer, querrán leer, elegirán sus lecturas con buen criterio y serán más felices porque, como alguien sabio dijo una vez: “Un niño que lee será un adulto que piensa”. Y el pensar nos hace libres.

Por: Anabel Escribano Ayuso

Estudié Filología en la Universidad de Valencia; fui profesora de Secundaria durante 10 años y desde que me quedé embarazada de mi primera hija, escribo cuentos infantiles. Tengo cuatro cuentos publicados y otros cuantos esperando ser descubiertos. Escribo porque me encantan las palabras y las buenas historias que se cuentan con ellas.

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